Billy Idol en Zacatecas.

"Eyes without a face" ha evolucionado para bien con el tiempo. Escuchamos en Plaza de Armas de Zacatecas en el cierre del 40 Festival Cultural este 2026, su maduración.
La médula de su primera versión era dura y hasta violenta, instrumental y letrísticamente, no ha perdido esos elementos distintivos que empataban muy bien con la proyección de sus artífices en los años 80, vehículos entonces de la influencia del punk de primera ola. Justo uno de los elementos de la imagen de Billy Idol era un rostro duro y gestos amenazantes apuntalados por una apariencia de erizo que nadie habría querido tocar so riesgo de pincharse. Era una provocación, todavía lo es.
Sin embargo, la versión que escuchamos en Zacatecas y que ha sido la propuesta de la banda en los conciertos de sus más recientes décadas es una amalgama de matices que exhiben la maestría como músicos a la que han llegado tanto Idol como Steve Stevens. La letra ha sido levemente suavizada y hasta la interpretación. Y Stevens, guitarrista de altos estándares, cuya presencia en los años iniciales era eclipsada por la fuerte proyección del icono front-man irlandés, ha pulido con la excelencia que da el tiempo y cientos, quizá miles de interpretaciones de la pieza, una introducción a "Eyes without a face" de una belleza melódica que incluye sutiles digitaciones de armónicos en la electroacústica para luego “deschongarse” en la parte central en la alternancia con el solo en la eléctrica.
Así ha pasado uno de los mayores éxitos de Idol, inspirado en la película de terror de los años 60, Les yeux sans visage (estribillo que se corea a gritos en los conciertos) a un nivel musical de altos goces.
Hace años escribí respecto de la presentación de Miguel Mateos, también en el contexto de un Festival Cultural Zacatecas, “a quien le agradecemos que se parezca a sí mismo”. La expresión no tenía la intención de ser agresiva con estos personajes que tuvieron sus mayores éxitos a finales del siglo XX, sino precisamente destacar lo bien que han pasado a la actualidad.
Billy Idol ofrece en todos los escenarios en que se presenta, la misma energía que ha caracterizado a su personaje, decíamos, ese joven provocador, transgresor, muy histriónico, que gesticula sacando la lengua y agitándola, abriendo mucho los ojos, poniéndolos en blanco y elevando alto los puños. Sus 71 años de vida y sus 40 de experiencia escénica pasean a sus anchas de un lado a otro, focalizando su atención alternativamente hacia todos las secciones del público, el de abajo del templete y el que se asoma por los balcones y las azoteas. El show está muy hecho, incluso las bromas que se presta a sí mismo y que repite, como ese gesto de alarma y confusión antes de vocalizar "Eyes without a face"...aparentando no saber dónde está el micrófono que habrá de utilizar, y que siempre saca de entre el pantalón con cara de alivio.
Todo el ensamble tiene el "timing" perfecto, con cambios de vestuario de Idol, incluidos. Vuelvo a destacar a Stevens que ha sumado a las presentaciones la ejecución magistral de un popurrí de "covers" de Led Zeppelin y otros clásicos del rock, sí voy a usar esa palabra, uni-ver-sal, pero también versiones en guitarra eléctrica de música flamenca. Él, sobre todo, ha experimentado la creación y recreación de sonoridades, en el escenario, alternando cuatro o cinco guitarras, pedales y efectos, y hasta una pistola de juguete…
Todas las piezas que han construido la trayectoria de Billy Idol han sido recreadas, mejoradas, pulidas: "Mony Mony", "Dancing with my self", "Rebell Yell" (que incluso tiene una versión relativamente reciente de Idol con Miley Cyrus), "White Wedding", "Flesh for Fantasy", "Hot in the City"...
Eso, se ve y se disfruta que se siguen divirtiendo en el escenario y que capitalizan la euforia que desde abajo se manifiesta entre el público, siempre, una y otra vez y otra vez, desde hace 40 años.
Alma Ríos, Ojos que ven.

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